7 de mayo de 2014

Un pastel para Maira

Cuántos recuerdos pueden aparecer de golpe en la mente de una persona? Miles, doy fe.
Algo así me pasó cuando recibí el mensaje de Sonia pidiéndonos un pastel para el 18 cumpleaños de su hija.

Trabajamos juntas, codo con codo, durante bastante tiempo y, junto con un par de personas más, fue un gran apoyo para mí en gran variedad de momentos.
La vida nos ha ido llevando y trayendo por caminos zigzagueantes que se separan y se cruzan cada dos por tres.  Pero Sonia es una de esas personas con las que la falta de contacto no te impide sentirte a gusto desde el primer momento. Últimamente, vengo comprobando algo que pienso hace mucho: no es necesario el roce para hacer el cariño. De hecho, existen en mi vida personas a las que no he visto ni una sola vez y a las que quiero como a la más antigua de mis amigas…a la que, por cierto, hace más de 10 años que no veo.
En fin, el hecho es que, una vez adquirido el compromiso, la responsabilidad cayó sobre mí con todo su peso de nervios, ilusión y emoción.
Tenía que ser un pastel alegre, bonito y más bien elegante. Todo un desafío para alguien que hasta ahora sólo había trabajado con motivos infantiles.
Maira eligió los colores blanco, negro y rosa y su madre me dio una palabra clave: boquitas (labios, besitos… o como las queráis llamar), que están muy de moda.
Al margen del diseño, para mí lo más importante de un pastel es que se pueda comer… cuanto menos quede mejor!
Decidir el relleno no fue difícil: argentinos=dulce de leche.
Para los bizcochos, opté por lo seguro: un Red Velvet que no quedó rojo porque le puse mucho cacao (es que queda taaaan bueno!!!) y un Victoria con un toque de colorante rosa. 




Para que llamara más la atención, me arriesgué a combinarlos: en el de abajo, 2 bases de “Black Velvet” y un “Pink Victoria” en el centro, alternados con una capa de crema de mascarpone y otra de dulce de leche. 




En el de arriba, 2 Pink Victoria y el Black Velvet al centro, con mermelada de arándanos y dulce de leche…mucho dulce de leche. 











Si hay algo que siempre me ha dado mucha rabia son los pasteles con poco relleno y el bizcocho seco.









Que me perdonen los profesionales del sector, porque aunque soy capaz de entender que cuanto más relleno mayor es el coste y menor la ganancia, nunca ha sido mi intención hacerme millonaria horneando bizcochos.






Volviendo al diseño, una vez cubiertos los pasteles, siguiendo la técnica de AlmaObregón, con crema de mascarpone el de arriba y el de abajo con la misma crema pero con un toque de dulce de leche (si es que no me puedo resistir!!!), puse en marcha la operación fondant.







(Para ser los primeros no me han quedado tan mal)





El de abajo: fondant rosa. No me preocupé demasiado por que quedara liso ya que los pliegues quedarían tapados por unas cintas de fondant blancas y negras. El de arriba, en fondant blanco, sí que tenía que quedar bien liso y sin pliegues porque iría pintado.









Listo para los detalles del acabado final.









Mi co-bloguer Laura me había hecho un par de rosas y yo hice diferentes pétalos con fondant.



Mientras se secaban, preparé mis pinceles y una paleta con colorante alimentario rosa, rojo navidad y rojo vino.
Encontré en Internet imágenes de bocas. Las imprimí, recorté y coloqué sobre papel vegetal para crear la plantilla. No me gusta colocar sobre el fondant los folios que saco de la impresora…manías mías.

Con la plantilla y un pincel fino fui dibujando en rojo vino el contorno de los labios, una vez los tuve todos sobre el fondant sólo quedaba pintarlos combinando los tres colores para darles brillo y la sensación de volumen.



Con los mismos colores (y un toque de lila, lo confieso) pinté los pétalos…y otra vez, a esperar que se sequen.





Con glasé real rosa claro y una boquilla fina, tapé los bordes de las cintas y pegué el 18 de chocolate y los pétalos alrededor.
Puse un poco más de color al glasé para que quedara un rosa más intenso, y con ello cubrí las dos bases de la tarta.







Con chocolate fundido hice unos detallitos más y las letras del nombre… con tan mala suerte que la M se quebró al desmoldarla…dos veces!!




Pensé en resignarme y no poner el nombre, pero soy muy terca y yo quería que la tarta fuera especial… personalizada! Así que pegué las letras en la base negra con glasé y me inventé una M con la manga del glasé rosa claro. 



Unos puntitos por aquí y por allí, y listo mi primer pastel serio.


Admito que es un trabajo duro y agotador, sobre todo cuando no te dedicas en exclusiva. Pero cuando pienso que a este bombonazo, a esta belleza de mujer le ha gustado me siento recompensada.



Esa sonrisa bien lo vale!!!!


Diana

1 comentario:

  1. Cada día te superas más, felicidades a las dos, a Maira por sus 18 añitos maravillosos y a tí por endulzárselos de una manera tan bonita en forma de tarta.Besos.

    ResponderEliminar